Boca de llanto, me llaman

tus pupilas negras,

me reclaman. Tus labios

sin ti me besan.

¡Cómo has podido tener

la misma mirada negra

con esos ojos

que ahora llevas!

Sonreíste. ¡Qué silencio,

qué falta de fiesta!

¡Cómo me puse a buscarte

en tu sonrisa, cabeza

de tierra,

labios de tristeza!

No lloras, no llorarías

aunque quisieras;

tienes el rostro apagado

de las ciegas.

Puedes reír. Yo te dejo

reír, aunque no puedas.