De repente veía a todas esas parejas, agarradas de la mano, ¿sabes? A todas esas personas que se querían,

con sus problemas y sus discusiones diarias, se querían. Y no podía soportarlo.

No podía aguantar sus risas, cómo se miraban, cómo se hablaban en un lenguaje típico de enamorados, cómo se tocaban mientras gritaban al mundo que se lo perdonarían todo.

Y pensar que tú no pudiste perdonarme, me comía por dentro. Me horroriza verlos. Aún hoy me horroriza salir a la calle y vernos, vernos a ti y a mí, en los ojos de otros que no somos nosotros.

Tengo miedo de pasear un día cualquiera, perder la cabeza y gritarles a todos esos cabrones que dejen de quererse, que el amor no es para siempre, que me duelen sus historias, que paren.

Tengo miedo de perder la cabeza. Tengo muchísimo miedo.

Noto que suben las palabras a mi garganta, que todo lo que quise y no pude decirte ahora quiero decírselo a ellos y tengo que apretar fuerte los dientes para no vomitarlo delante de otros y que piensen que estoy loca.

Y que piensen que me he vuelto una chica rara desde que no estás conmigo…

-Autor desconocido.